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Juzgando al éxito

exito

Nacemos y lo primero que hacemos es aprender cosas inútiles. Cosas inútiles que nos impiden vivir sin la necesidad de juzgar todo lo que vemos, todo lo que escuchamos y hasta todo lo que sentimos. Y no nos damos cuenta de que juzgar algo no cambia las cosas. Discutir sobre cuál es la velocidad de la luz no cambia su velocidad. Discutir o juzgar si algo es bueno o malo no cambia la esencia de las cosas. De hecho, en realidad, las cosas simplemente son o no son y ya está.

Para unos el éxito quizás sea aprobar un examen, para otros que sus hijos estudien, para otros ganar tanto dinero como puedan y para otros salvar vidas. Cada uno tiene una idea de éxito diferente. El problema no está en nuestra idea de éxito, sino en los pensamientos que condicionan nuestra idea de éxito.

Si a mí me gusta mucho el color coral y me compro una colchoneta de ese color para bañarme, los juicios de quienquiera que sea, no va a cambiar que me siga bajando a la playa enfrente de casa, se me olvide la crema y en vez de ponerme moreno acabe del mismo color coral de la colchoneta. Y si llega algún gilipollas, se acuesta encima y me la pincha lo último que voy a hacer es echarle la culpa a la colchoneta y aún menos al color coral. Le echaré la culpa, con razón, al gilipollas y lo mandaré al hiperchina a que me compre otra. Pagada por él, claro está.

Y esto que se ve tan claro—aparte de que me gustan las colchonetas y de que hay que ser un poco tonto para acostarse encima de la colchoneta— no lo vemos con nuestras ideas y nuestros sueños. Si alguien quiere ser pintor, cocinero o barrendero, los juicios sobre eso que nos gusta no deben cambiar que nos guste hacerlo. Y sin embargo, lo hacemos. Vivimos condicionando nuestros sueños a los juicios de valor que hacen los demás. Si esto es bueno, o es malo, o aportamos algo al mundo o no aportamos nada. Vivimos y sufrimos escuchando esos juicios y al final acabamos creyendo que lo malo es nuestro sueño y nuestra idea de éxito. Cuando la realidad es que el mundo está lleno de gilipollas que te pincharán la colchoneta, porque ni siquiera tienen una.

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One response to “Juzgando al éxito

  1. Muy grande y muy cierto.

    Lo que no entiende mucha gente es que cada uno tiene su color de colchoneta y la compra porque cree que le hará feliz, y eso, mientras no pinche la de otros, es tan natural y lícito como ser humano.

    Todos tenemos derecho a una colchoneta: a comprarla, usarla, pincharla incluso si nos apetece o decidir que nuestro color favorito es no bajar a la playa a bañarnos.

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